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Ballena franca Eubalaena glacialis, E. japonica, y E. australis

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La traducción al español de esta página estará disponible próximamente.

El nombre de la especie "ballena franca" ("right whale" [ballena adecuada] en inglés) tiene su origen en el hecho de que históricamente los balleneros consideraban la ballena franca la ballena "adecuada" para cazar ( "right" whale to hunt): estas ballenas aportaban grandes cantidades de aceite y barbas, y eran fáciles de capturar y elaborar porque se encontraban cerca del litoral, nadaban lentamente, y flotaban cuando estaban muertas.  Como consecuencia, fueron cazadas en grandes cantidades hasta llegar al borde de la extinción en casi todas las partes en que se encontraban.  Las ballenas francas del Atlántico norte y del Pacífico norte no han logrado recuperarse nunca desde que comenzó la práctica secular de la caza de ballenas, que hizo reducir su número, pero actualmente la mayor parte de las poblaciones de ballena franca austral están aumentando.  Hay tres especies reconocidas de ballenas francas que se encuentran en diferentes partes del mundo, como se muestra en el mapa que figura a continuación.  Son: la ballena franca austral (Eubalaena australis), la ballena franca del Atlántico norte (Eubalaena glacialis) y la ballena franca del Pacífico norte (Eubalaena Japonica)1.  Si bien difieren genéticamente y en cuanto a su estado de conservación, no difieren en cambio significativamente en cuanto a su aspecto externo.  Actualmente constituyen el centro de atención de muchas empresas de observación* de ballenas del hemisferio sur, donde a menudo se les puede observar desde la costa, así como desde las embarcaciones.

*Nota: En los países hispanohablantes la expresión "whale watching" se traduce como "observación de ballenas" o como "avistamiento de ballenas". En el presente documento se utilizará "observación de ballenas" para mantener la coherencia con el uso en la CBI.

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No debe confundirse con

A una cierta distancia, el alto y tupido soplo en forma de V de las ballenas francas puede confundirse con el de las ballenas jorobadas.  Observándola de más cercana, en cambio, la ballena franca es fácil de distinguir de las otras especies por carecer de la aleta dorsal, por el pronunciado arco de la mandíbula inferior, y la inconfundible presencia de callosidades en la cabeza.  Mientras la línea curvada de la boca y el dorso liso son similares a los de las ballenas de cabeza arqueada de la región ártica, las áreas de distribución de las dos especies actualmente no se superponen, y las ballenas de cabeza arqueada no tienen callosidades.

Distribución 

Las tres especies de ballenas francas se encuentran separadas por las cuencas oceánicas.  Si bien sus zonas de parto y cría se encuentran generalmente en bahías poco profundas y aguas de la plataforma continental cercanas a la costa, se cree que las tres especies se alimentan en aguas productivas situadas lejos de la costa y en latitudes altas2.  El área de distribución de las ballenas francas del Atlántico norte se limita generalmente a las aguas de la costa oriental de los Estados Unidos y Canadá, mientras que la ballena franca austral tiene una distribución circumpolar en el hemisferio sur, aproximadamente entre las latitudes de 20° y 60° Sur2.

Las ballenas francas australes (E. australis) son nativas de los siguientes países: Antártida; Argentina; Australia; Brasil; Chile; Francia (Reunión, Territorios australes -Kerguelén); Gabón; Madagascar, Mauricio, Mozambique, Namibia, Nueva Zelandia; Perú; Sudáfrica; Uruguay

Las ballenas francas del Atlántico norte (E. glacialis) son nativas de los siguientes países: Bermudas,Canadá; Francia (San Pedro y Miquelón), Groenlandia, Islandia, Irlanda; Noruega; Portugal (continental, Azores y Madeira); España (península y Canarias); Reino Unido; Estados Unidos.

Las ballenas francas del Pacífico norte (E. japonica) son nativas de los siguientes países:   Japón; Federación de Rusia; Estados Unidos (Alaska, California [ocasionales], Islas hawaianas [ocasionales], Oregón [ocasionales], Washington [ocasionales])

Migración:

Al igual que la mayor parte de las ballenas barbadas, las ballenas francas emprenden las migraciones estacionales entre las zonas de alimentación del verano y las zonas de cría del invierno donde se aparean y dan a luz.  Las ballenas francas del Atlántico norte se concentran ahora en la costa oriental de los Estados Unidos y Canadá, extendiéndose su zona de alimentación del verano al norte hasta la plataforma de Nueva Escocia y la Bahía de Fundy y su zona de parto del invierno frente a las costas de Georgia y Florida (véase la figura más adelante).  Las ballenas francas australes se alimentan en aguas subpolares en torno a la Antártida, y paren y amamantan a sus crías a lo largo de las costas australes de América del Sur, África austral, Australia y Nueva Zelandia.  

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Biología e ecología

Alimentación

Las ballenas francas se alimentan casi exclusivamente de zooplancton, aprovechando la presencia de cualquier especie abundante en su zona de alimentación de alta latitud del verano.  Las ballenas francas del Atlántico norte se alimentan fundamentalmente de copépodos (crustáceos del tamaño aproximado de un grano de arroz),2,3 mientras que el krill constituye probablemente un componente más importante de la alimentación de la ballena franca austral2.  Se alimentan a menudo desnatando el alimento a ras de superficie del agua o apenas por debajo de la misma, nadando lentamente a través de las nubes de plancton con su boca medio abierta y filtrando luego el plancton a través de sus largas placas de barbas.  Pero pueden alimentarse además en profundidad, y se les conoce también por salir en superficie con sus cabezas enfangadas después de una pasada de alimentación en el fondo2.

Reproducción y crecimiento

Las ballenas francas forman grandes agregaciones de apareamiento, que pueden incluir varios machos que tratan de acceder a una hembra.  No obstante, a diferencia de los grupos competitivos de ballenas jorobadas, los machos de ballenas francas no participan en demostraciones agresivas.  Una hembra puede aparearse en sucesión con varios machos, y se cree que los machos compiten para la transmisión de sus genes a la siguiente generación a través de la cantidad de esperma que aportan cuando se acoplan, en lugar de luchar por tener acceso a las hembras.  Esta teoría es respaldada por el hecho de que los testículos de machos de ballenas francas son mayores (hasta 500 kg cada uno) que los de cualquier otro animal de la tierra, lo mismo que sus penes.  Se han observado apareamientos a lo largo de todo el año, pero las hembras dan a luz en invierno (diciembre a marzo en las ballenas francas del Atlántico norte/julio a octubre en las ballenas francas australes), después de un embarazo de 12 meses aproximadamente2.  Generalmente las hembras paren una cría cada tres años, disponiendo así de un año completo para recobrar fuerzas y la condición corporal después de las demandas del embarazo y la lactancia2.  Las crías permanecen normalmente con su madre durante el primer año de vida, durante el cual se duplica la longitud de su cuerpo4.  Al parecer, las crías aprenden a conocer la ubicación de las zonas de alimentación importantes acompañando a sus madres y regresando luego a esos lugares durante el resto de su vida2.

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Investigación, amenazas y estado de conservación

Mucho de lo que sabemos hoy acerca de las ballenas francas se ha adquirido a través de estudios de fotoidentificación, en los que las distintas ballenas han sido fotografiadas y reconocidas a lo largo del tiempo por los patrones únicos de las callosidades que presentan en sus cabezas.  Actualmente, la identificación individual suele realizarse también mediante muestreo genético y la correspondencia individual.

Las ballenas francas del Atlántico norte que se alimentan frente a las costas nororientales de los Estados Unidos y las ballenas francas australes frente a las costas de la Península Valdés en Argentina son dos de las poblaciones mejor estudiadas, con datos acumulados relativos a varias generaciones de ballenas5,6

Además de los estudios de identificación individual, los resultados de la telemetría por satélite (pequeños dispositivos que, aplicados a las ballenas, envían datos sobre su posición geográfica -y a veces información más detallada del buceo- a receptores satelitales) permiten a los investigadores seguir de cerca los desplazamientos de las ballenas y conocer más a fondo sus migraciones (estacionales) así como el uso detallado del hábitat en las zonas de cría y las zonas de alimentación7,8.  Se encontrará más información sobre las técnicas de investigación utilizadas para el estudio de las ballenas y los delfines clicando aquí.

Depredadores naturales

No hay información fiable sobre los depredadores naturales de esta especie, aunque las ballenas que se encuentran en aguas situadas frente a las costas de la Península Valdés en Argentina padecen posibles efectos significativos de ataques de gaviotas, que dejan heridas abiertas que pueden infectarse13.

Amenazas de origen humano

Las dos amenazas más generalizadas de las ballenas francas en peligro del Atlántico norte son el enredo en las artes de pesca y las colisiones con las embarcaciones.  Más del 60% de las ballenas francas del Atlántico norte presentan cicatrices que indican alguna interacción con las artes de pesca9.  Algunas ballenas han mantenido en sus cuerpos cuerdas y trozos de artes de pesca por meses o años, experimentando a veces largas muertes lentas por heridas infectadas o la pérdida de oportunidades de alimentación a causa de las artes de pesca10.  Además, cada año muere un cierto número de ballenas francas del Atlántico norte por colisiones con embarcaciones, que tienen lugar al coincidir sus zonas de alimentación con las principales rutas marítimas, especialmente en aguas situadas frente a la costa nororiental de Estados Unidos11.  Los últimos reglamentos que obligan a reducir la velocidad de las embarcaciones en las áreas de hábitats de ballena franca conocidas pueden contribuir a mitigar esta amenaza.12  

Estado de conservación

La ballena franca fue una de las primeras especies de ballenas objeto de caza, ya a partir del siglo XI14.  Eran consideradas las ballenas "adecuadas" para cazar, porque eran lentas, se encontraban cerca del litoral, flotaban cuando estaban muertas, y de ellas se obtenían grandes cantidades de aceite y barbas.  La especie fue objeto de una caza intensiva, llegando incluso al borde de la extinción en casi todas las partes donde se encontraba, hasta que se adoptó la decisión de protegerla en la primera Convención internacional para la reglamentación de la caza de la ballena de 1930. 

Las ballenas francas del Pacífico norte no han logrado recuperarse ya más de esta caza intensiva y están clasificadas como "en peligro" en la Lista Roja de la UICN.  Los avistamientos de la especie en esa zona son sumamente raros, desconociéndose casi completamente la distribución actual de los efectivos de la especie.  Una estimación de la abundancia de la especie en el Mar de Bering y las Islas Aleutianas fue de sólo 31 ejemplares, entre ellos un número estimado de 8 hembras reproductoras15, mientras que las estimaciones relativas a la ruta de migración del Pacífico noroccidental oscilan entre 416 y 1147 ejemplares.  También las ballenas francas del Atlántico norte están clasificadas como "en peligro", con una población del Atlántico noroccidental estimada actualmente en alrededor de 500 ejemplares.  Solo se registran avistamientos ocasionales de ballenas francas en otras partes del Atlántico norte.  La población había aumentado con respecto a los 270 ejemplares registrados en 1990, pero se encuentra de nuevo muy probablemente en disminución desde 201016.  Suscita particular preocupación la ulterior disminución debida a un evento de mortandad excepcional con un elevado número de muertes ocurrido en 2017.

Las poblaciones de ballena franca austral, que se reproducen en aguas situadas frente a las costas de Argentina, Uruguay y Brasil (Atlántico sudoccidental), y de Australia y Sudáfrica, han venido creciendo a tasas de hasta el 7-8% al año desde el cese de la caza17,18.  Como consecuencia, las ballenas francas australes están clasificadas globalmente como de "preocupación menor" en la Lista Roja de la UICN, pero los avistamientos de ejemplares de la población del Pacífico suroriental son raros, por lo que está clasificada como "en peligro crítico".  Las poblaciones del Pacífico suroriental y del Atlántico suroccidental son objeto de los Planes de gestión de la conservación de la CBI. 

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Las ballenas francas y la observación de ballenas

Debido a su preferencia por las aguas cercanas a las costas para el parto y la lactancia, a la posibilidad de relativo acercamiento a ellas y a su comportamiento a veces acrobático, las ballenas francas australes son ahora un objetivo popular de la observación de ballenas.  Constituyen el centro de atención de las excursiones de observación de ballenas en diversos lugares del hemisferio sur, entre ellos Australia, Sudáfrica y Argentina.  Los estudios han demostrado que las ballenas francas pueden verse afectadas negativamente por las actividades de observación de ballenas19 y, como tales, las ballenas francas australes están protegidas por directrices de observación de ballenas en estos tres países.  Debido a la extrema vulnerabilidad de las ballenas francas del Atlántico norte, clasificadas como "en peligro", la ley federal de los Estados Unidos estipula que los barcos deben mantenerse a una distancia mínima de 500 yardas (unos 500m aproximadamente) de estas ballenas, incluso las embarcaciones que están autorizadas a acercarse a otras especies, como las ballenas jorobadas, hasta una distancia de 100 pies (aproximadamente 30m).  En cambio, por lo que respecta a las ballenas francas de la costa oriental de los Estados Unidos, aunque es posible observarlas desde larga distancia en las excursiones de observación de las mismas, no se les considera un objetivo para las actividades de observación de ballenas.

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Referencias

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  1. Committee on Taxonomy, List of marine mammal species and subspecies. Society for Marine Mammalogy, www.marinemammalscience.org, consulted on 11 October 2017. 2017.
  2. Kenney, R.D., Right whales: Eubalaena glacialis, E. japonica, and E. australis, in Encyclopedia of Marine Mammals, B. Würsig, J.G.M. Thewissen, and K.M. Kovacs, Editors. 2017 (in press), Academic Press, Elsevier: San Diego.
  3. Baumgartner, M.F. and B.R. Mate, Summertime foraging ecology of North Atlantic right whales. Marine Ecology Progress Series, 2003. 264: p. 123-135.
  4. Brown, M.W., et al., Sighting heterogeneity of right whales in the western North Atlantic: 1980-1992. Journal of Cetacean Research and Management, 2001. Special Issue 2: p. 245-250.
  5. Rowntree, V.J., R.S. Payne, and D.M. Schell, Changing patterns of habitat use by southern right whales (Eubalaena australis) on their nursery ground at Península Valdés, Argentina, and in their long-range movements. Journal of Cetacean Research and Management, 2001. Special Issue(2): p. 133-143.
  6.  Frasier, T.R., et al., Sources and rates of errors in methods of individual identification for North Atlantic right whales. Journal of Mammology, 2009. 90(5): p. 1246–1255.
  7. Baumgartner, M.F. and B.R. Mate, Summer and fall habitat of North Atlantic right whales (Eubalaena glacialis) inferred from satellite telemetry. Canadian Journal of Fisheries and Aquatic Sciences, 2005. 62(3): p. 527-543.
  8. Mate, B.R., et al., Coastal, offshore, and migratory movements of South African right whales revealed by satellite telemetry. Marine Mammal Science, 2011. 27(3): p. 455-476.
  9. Knowlton, A.R., et al., Monitoring North Atlantic right whale Eubalaena glacialis entanglement rates: a 30 year retrospective. Marine Ecology Progress Series, 2012. 466: p. 293-302.
  10. van der Hoop, J.M., et al., Predicting lethal entanglements as a consequence of drag from fishing gear. Marine Pollution Bulletin, 2017. 115(1–2): p. 91-104.
  11. Laist, D.W., et al., Collisions between ships and whales. Marine Mammal Science, 2001. 17(1): p. 35-75.
  12. Hoop, J.M., et al., Vessel strikes to large whales before and after the 2008 Ship Strike Rule. Conservation Letters, 2014.
  13. Fazio, A., M. Bertellotti, and C. Villanueva, Kelp gulls attack Southern right whales: a conservation concern? Marine Biology, 2012. 159(9): p. 1981-1990.
  14. Reeves, R.R. and T. Smith, A taxonomy of world whaling, in Whales, whaling, and ocean ecosystems, J. Estes, et al., Editors. 2006, University of California Press: Berkeley, California. p. 82-101.
  15. Wade, P.R., et al., The world's smallest whale population? Biology Letters, 2010. 7: p. 83-85.
  16. Pace, R.M., P.J. Corkeron, and S.D. Kraus, State–space mark–recapture estimates reveal a recent decline in abundance of North Atlantic right whales. Ecology and Evolution, 2017.
  17. Cooke, J., V. Rowntree, and R. Payne, Estimates of demographic parameters for southern right whales (Eubalaena australis) observed off Península Valdés, Argentina. J. Cetacean Res. Manage, 2001. Special Issue(2): p. 125-132.
  18. Groch, K., et al., Recent rapid increases in the right whale (Eubalaena australis) population off southern Brazil. Latin American Journal of Aquatic Mammals, 2005. 4(1): p. 41-47.
  19. Argüelles, M.B., et al., Impact of whale-watching on the short-term behavior of Southern right whales (Eubalaena australis) in Patagonia, Argentina. Tourism Management Perspectives, 2016. 18: p. 118-124.

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